Como muchos sabéis mi hija mayor ha cumplido ya 7 años.
Es una niña muy despierta, intuitiva y con las ideas muy claras, como os contaba en este post.
El caso es que llevaba un tiempo viendo que las peleas y malas caras se estaban convirtiendo en algo demasiada habitual. Y, aunque siguen habiendo momentos complicados, en algún aspecto, hemos mejorado bastante.
Me di cuenta que muchas de esas malas caras venían por decisiones que tomaba yo por ella, sin mala intención, intentando evitarle el momento.
Así que, para resolver ese conflicto, le cedí esa responsabilidad (en la medida de lo posible, claro). Pero no sólo en cosas simples del tipo que postre quieres o qué cuento, sino en cosas con consecuencias un poco más complejas.

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